Sombras Divididas: Drayd

Mi primera novela. Una historia de aventura y fantasía orientada a un publico mayor de 16 años.

Reencarné como una piedra

Lee esta comedia sobre las historias de reencarnación con tematica de juego y echate unas risas junto a una fantástica piedra.

Overgrowth Level

Una novela externa de fantasía escrita por Irizu-san. Visita su blog para más información.

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martes, 14 de agosto de 2018

Sombras divididas - Capítulo 102



102 - Lluvia sangrienta

Calitia se precipitó encima de Daranya y la cogió del cuello con hostilidad.

— Explica eso de que te buscan a ti.

— Suéltame...

— No hasta que nos cuentes qué está pasando.

— He dicho que me sueltes.

— ¡Y yo te he dicho que...!

— ¡Suéltame ya!

Con una cara llena de furia Daranya agarró el brazo de Calitia y con facilidad la empujó lejos suyo. Esta impactó directamente con Dread, quien la sujetó, evitando así que cayera.

— ¡Lo sabía, no eres de fiar! — Raidha saltó delante de Calitia mientras sacaba su espada.

— Tú no sabes absolutamente nada. No eres más que una niña mimada y prepotente que cree que le voy a quitar el novio.

— Eso no… ¡no es verdad!

— Definitivamente no me equivoqué. Eres un simple monstruo que se arrastra entre las sombras causando problemas. Debería matarte aquí mismo — volvió a intervenir Calitia.

— Intentalo, chica de la luz. ¿Estas orgullosa de poder brillar como el sol? ¿Te molesta alguien como yo que sólo puede arrastrarse bajo la noche? ¿Crees poder enfrentarme simplemente porque tu arma es mi debilidad? No me hagas reir. He sobrevivido durante años sufriendo como nadie lo ha hecho nunca. Ninguna de las dos tiene derecho a hablarme com si lo supiera todo de mí.

— Parad de una vez las tres. No estamos solos.

Unos cuantos de esos Férbalen nos habían encontrado y estaban corriendo hacia nosotros. Dread se lanzó al ataque y los eliminó a todos en un momento. Luego el sonido de gruñidos vino del cielo. Al levantar la mirada pudimos ver como el cielo se llenaba de unos monstruos parecidos a murciélagos, muchos montados por esa gente.

‘Luego dice que no son vampiros…’

— No estamos solos y esos idiotas vienen también por el cielo…

El lugar no tardó en llenarse de gente corriendo por su vida. Los Férbalen invadian cada rincón. El cielo nocturnos había dado paso a un espectáculo de fuegos artificiales causado por las continuas bolas de fuego lanzadas desde ambos lados.

— ¡¿Por qué te buscan?! — le gritó Raidha a Daranya.

— No te importa el porqué… — le respondió.

— ¡Claro que me importa! ¡Mira cuantos humanos están muriendo por tu culpa! ¡¿Acaso a ti te da igual?!

— ¿Ah? no me tomes por buena persona. ¿Los humanos? Pueden morirse todos. No son más que simple alimento para mí.

La cara de Daranya era cada vez más sombría y furiosa. Calitia levantó la espada y se la puso directamente al cuello para amenazarla… espada que salió volando de sus manos por un simple golpe con la mano desnuda de la vampira. Durante un segundo, Calitia quedó sorprendida, pero apretando los dientes con furia se lanzó encima suyo directamente a darle un puñetazo rodeado de luz.

< Ey, párales o se van a matar entre ellas. >

— No hacía falta que me lo dijeras…

En un parpadeo Dread corrío entre ambas y las empujó lejos la una de la otra.

— No creo que sea momento para hablar de tonterías… Calmaos las tres y veamos qué está pasando aquí.

Calitia recogió la espada sin sacarle el ojo de encima a Daranya mientras esta se sacudía un poco el polvo de encima.

— Si tanto quieres saber… Esto se resume fácilmente, problemas familiares. Probablemente mi hermano los habrá mandado a eliminarme. Me escondí en esta ciudad pensando en que no me encontraría, por lo visto me equivoqué. No tenía ninguna intención de causar problemas, en realidad no quería causarlos justamente para que algo así no ocurriera…

En realidad no había mucho tiempo para hablar. Dread empezó a matar monstruo tras monstruo y Férbalen que se asomaba por la calle. Pyro salió volando a toda prisa para atacar a los voladores. En cambio las chicas seguían ahí paradas, por lo visto para ellas era más importante no perder de vista a Daranya que defender la ciudad.

— ¿Vais a pasaros el rato así o ayudaréis?

— ¡AAAAAAAAAAAAAA! ¡Está bien!

A regañadientes Raidha también salió a pelear. Calitia y Daranya se quedaron sin mover un músculo.

— ¿No vas a ir? — le preguntó Daranya.

— ¿No vas a ir tú? Eres la causante de esto, ¿verdad? Entonces tendrías que hacer algo.

— Es muy fácil decir eso para ti. Ni siquiera sabes lo complicado que es esto para mí.

— Por lo menos sé que si fuera tú por lo menos lucharía. Aceptaría mi responsabilidad.

En respuesta Calitia recibió una mirada de rabia pura. Apretando sus dientes con furia y dejando ver sus afilados caninos Daranya empezó a caminar hacía Calitia.

— Tú…

Daranya parecía estar apunto de golpearla con todas sus fuerzas, sin embargo, en lugar de eso la apartó bruscamente y siguió caminando.

— ¡Como quieras, haré algo al respecto!

Abrió por completo su manos y sus uñas, ya de por sí negras, se ennegrecieron más y se alargaron formando pequeñas dagas. Reconocí el material, era energía oscura como la que usaba Raidha o Dread. Seguidamente, sin que ninguno de nosotros nos lo esperásemos, salió volando a toda velocidad.

‘Joder… incluso puede volar…’

Pasó como un rayo a través de decenas de monstruos que cubrían el cielo mientras los exterminaba sin compasión uno tras otro. No llevaba armas a parte de sus propias garras creadas con su magia… y no parecía necesitarlas. Algunos morían apuñalados por ellas, otros simplemente eran agarrados y destrozados por Daranya de la misma manera que se rompe a veces una bolsa de patatas cuando haces demasiada fuerza, esparciendo así las patatas del interior por todos lados... o en este caso en concreto, sus entrañas. Gritos de agonía se pudieron escuchar por todo el cielo mientras poco a poco empezó a caer una lluvia roja acompañada de un granizo de cuerpos destrozados.

La batalla en las calles dió una pequeña pausa mientras ambos lados se quedaban mirando el cielo aterrorizados. Tanto los Férbalen como los humanos que habían salido a defender parecían aterrorizados. Incluso nosotros nos paramos a mirar a esa chica que estaba causando una masacre sin dificultad con una desagradable cara de odio puro.

< ¿De verdad esa es Daranya? >

— Sólo la conocemos de hace unos días pero cuesta creer que sea la misma persona.

< Cierto, no parece la misma vampira que se meo encima al conocernos. >

*** Xuje ***

Un terrible sonido me despertó de madrugada. Los gritos de la gente se podían escuchar por toda la ciudad. Sin entender muy bien que estaba pasando me puse la ropa, cogí la espada y salí a toda velocidad de la habitación.

Tras salir a la calle me encontré un terrible escenario. Un montón de Férbalen corrían por la calle destrozando todo a su paso. El cielo también estaba lleno de monstruos, era como estar en el mismo infierno.

‘¿Qué ha pasado aquí?’

Sentí un profundo miedo nacer dentro de mí. Mirara donde mirase era un caos, no sabía muy bien cómo reaccionar. Desenfundé la espada y empecé a correr sin rumbo por las calles. Los recuerdos de lo que ví durante el día me atormentaban y había sufrido pesadillas desde que me dormí, pero esta era mucho peor que todas ellas.

Intenté sacudirme los miedos de encima y me lancé al combate. Estaba seguro que los guardias y demás soldados también estaban peleando, pero también era parte de mi responsabilidad defender la ciudad. De todos modos había un grupo que me preocupaba más que los atacantes. ¿Por qué estábamos separados? Tenía que encontrarlos rápido.

Mientras corría por las calles intentando defender a los ciudadanos enfrenté a todo tipo Férbalen. No eran enemigos fáciles de derrotar pero me las apañaba, eso era muestra de que me estaba haciendo más fuerte. Sin embargo, la ansiedad no paraba de crecer en mí. Se trataba de mi primera batalla real y justamente era contra un ejercito que asaltaba la ciudad.

‘¡Todo esto es culpa suya! ¡Atrae los problemas!’

Las bestias que llevaban con ellos, que poseían una inteligencia limitada, eran fáciles de eliminar, pero los soldados Férbalen eran otra historia. Ellos sin duda serían enemigos preparados para el combate con mucha más experiencia que yo.

Los soldados no tardaron en llenar las calles y unirse en la defensa. Antes de que uno se pudiera dar cuenta la ciudad era un auténtico campo de batalla sin compasión que no paraba de llenarse de muertos de ambos lados.

Me encontré de frente con otro de esos malditos Férbalen. Al igual que yo también estaba empuñando una espada que amenazaba con matar a un hombre que temblaba en el suelo desarmado.

— ¡Ni se te ocurra! — le grité al mismo tiempo que le lanzaba una bola de fuego.

Reaccionó a mi ataque y desvió la magia con la espada, olvidándose así de ese pobre ciudadano que no dudo en salir corriendo.

Seguí corriendo hacia él y entramos en un combate cuerpo a cuerpo. Nuestras espadas chocaron con furia repetidamente sin que ninguno de los dos llegáramos a golpearnos. En uno de los choques frontales quedamos empujándonos el uno al otro enzarzados en un combate de fuerza bruta… que estaba perdiendo.

Empecé a sudar intensamente y noté que mi cara se humedecía considerablemente. Sin embargo, los ojos de ese Férbalen se abrieron en sorpresa y su presión bajó. Ahí me di cuenta de que lo que mojaba mi cara no era sudor. Algo mojado cayó de nuevo en mi cara obligándome a cerrar los ojos. Me limpié la cara y me di cuenta que mi mano se había quedado roja. No tardaron en caer más y más gotas como esa en todos lados tiñendo levemente de rojo las calles.

— ¡¿Qué está pasando?! — grité al mismo tiempo que levantaba la vista al cielo.

Lo que vi encima mío fue peor que el escenario en las calles. Llovía sangre, sangre de los propios Férbalen y sus monturas aéreas. Los cuerpos de los muertos también caían encima de las casas y las calles causando fuertes estruendos al golpear contra ellas y teñirlas aún más con su sangre. Mi estómago se revolvió y a duras penas pude aguantar las ganas de devolver todo su contenido.

— ¡Daranya! — gritó el Férbalen al mirar al cielo antes de salir corriendo.

— ¡¿Dónde vas?! — le grité yo.

— ¡No tengo tiempo para ti!

No le perseguí, simplemente me puse a mirar el cielo mientras. Lo que ví me impactó, la causa de esa lluvia era una chica que parecía tener apenas 14 años. Volaba por el cielo masacrando a los Férbalen sin compasión. Su brutalidad era indescriptible, sobretodo al ver que lo hacía con sus manos completamente desnudas.  

— Debo estar soñando...

En pocos minutos terminó con su masacre y se quedó suspendida en el aire sin mover un músculo, justo delante de una de las lunas, la creciente casi llena, cuya luz permitía verla a la perfección a pesar de la oscuridad de la noche.

Su largo pelo que danzaba en el viento era de un color rojo profundo. Sin embargo, era fácil darse cuenta que no era su color natural, simplemente estaba completamente empapado en sangre, toda ella estaba empapada en sangre. Sus manos estaban completamente rojas y lesta goteaba desde la punta de sus dedos. Sentí miedo, mucho miedo, tanto que hasta dejé caer la espada de mis manos.

— ¡Buneth, sé que estás aquí! ¡¿Me buscáis?! ¡Pues aquí estoy!

Sus gritos se podían escuchar por toda la ciudad. Tanto humanos como Férbalen estaban mirándola desde las calles. La batalla parecía haberse congelado a causa del terror que causaba esa chica. Las bestias con poca inteligencia empezaron a correr asustadas tirando al suelo incluso a sus jinetes. La mayoría de los soldados a pie se quedaban quietos sin saber muy bien qué hacer y, justo como yo, muchos también dejaron caer sus armas.

— ¡Se supone que me estais buscando vosotros! ¡¿Vais a hacer que os busque yo?! ¡Estaré en el centro de la ciudad! ¡Os doy cinco minutos antes de que salga yo misma a mataros!

Recogí la espada y salí corriendo hacía donde dijo, probablemente Drayd y las demás también la segurian.

*** Drayd ***

Mientras Daranya tenía su propia pelea nosotros nos habíamos separado y eliminamos todos los atacantes que pudimos. Dread hizo su propia masacre personal similar a la de Daranya… el problema es que múltiples soldados humanos también se le echaron encima intentando matarlo…

Dread también corrió hacia el centro de la ciudad. Lo que no me esperaba fue encontrarnos con quien nos encontramos, el tonto de Jeff. Al ver a Dread se le lanzó encima con la espada por delante.

— ¿Qué haces, idiota?

Dread apartó su espada facilmente con un simple movimiento de Vurtalis.

— Esa espada es… un segundo… ¿Drayd?

— Definitivamente eres idiota…

< Mejor déjame tratar a mí con él… >

Volví a tomar el control delante el estupefacto Jeff.

— ¿Se puede saber qué eres?

— Olvídate de eso ahora… Vamos con Daranya…

— ¿Daranya? Un momento… ¡¿Conoces a esa chica?!

— Luego te lo cuento...

Cuando llegamos donde Daranya nos la encontramos parada en medio de la ancha calle. Algunos soldados la estaban rodeando sin atreverse a hacer nada. Las chicas también llegaron en ese momento cada una por su lado. Pyro por otro lado bajó volando para posarse encima mío. Ya estábamos otra vez todos juntos, ahora me preocupaban los soldados.

— Jeff… tú que tienes tus estúpidos privilegios de soldado del rey, ¿puedes hacer algo para que los soldados se vayan?

— ¿Estás loco? Esa chica es peligrosa, cuanta más gente la enfrente mejor.

— Bueno… Por el momento tómalo como que esa chica está de nuestro lado.

— ¡Imposible! ¡Es un monstruo!

Al final le convencí y de alguna manera pudimos hacer que los soldados se retiraran diciendo que nosotros nos encargábamos de ella.

— Por fin la encontramos señora.

No tardaron en aparecer los Férbalen. Todos tenían pieles negras o ligeramente oscuras. Sin embargo, entre ellos había uno con la piel tan pálida como la de Daranya. Su cabello no era blanco, era de un color rubio platino que recogía en una coleta hasta un poco antes de media espalda. Sus ojos también eran rojos y de su boca se apreciaban ligeramente unos afilados colmillos superiores. Se trataba de otro vampiro, o como ellos decían, Thulvalán.

— Cuanto tiempo Buneth, ¿mi hermano te trata bien? ¿Te da lo que quieres? Seguro que sí, por lo menos mientras le menees la cola.

— Señora, por favor, entiéndalo.

El vampiro se puso sobre una rodilla mientras hablaba con Daranya.

— Créeme, lo entiendo perfectamente — Daranya le contesto mientras tiraba un escupitajo ensangrentado.

— Esto… — murmuré mientras me acercaba a ella.

— No te metas… que ninguno de vosotros se meta. Queríais que hiciera algo, ¿no es así? Entonces manteneos al margen.

Cerré la boca y acepté. Nos alejamos en silencio mientras simplemente mirábamos.

— Te lo diré solo una vez Buneth. Vete de aquí y no aparezcas de nuevo delante mío.

— No puedo hacer eso señora.

— No quiero enfrentarme a ti, vete.

— Si no hace caso a su hermano seguro que la matarán.

— ¡Y si le hago caso algo peor! ¡Maldita sea Buneth! ¿Eres idiota o estas jugando conmigo? ¡No soporto que se rían de mí! ¡No soporto los engaños! ¡No soporto las traiciones! ¡Y ahora mismo no soporto tu cara delante mío! ¡Vete ahora mismo o te mataré con mis propias manos!

— No, le juro que no le… No puedo irme… lo siento.

Sin volver a dignarse a abrir la boca, Daranya salió volando hacia ese vampiro, quien a duras penas tuvo tiempo de reaccionar y bloquear su ataque...

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miércoles, 8 de agosto de 2018

Sombras divididas - Capítulo 101



101 - Ataque sorpresa


Al día siguiente no reunimos de nuevo con Jeff en el mismo lugar.

— Buenos días, Jeff — le saludé de buenas maneras.

— Buenos días. ¡Y no me llamo Jeff! De verdad te odio.

Jeff parecía estar de buen humor como siempre. Las tiendas ya estaban abriendo. Estábamos algo hambrientos con lo que fuimos a desayunar alguna cosa y una vez llenamos nuestros estómagos nos dirigimos directamente a una tienda de ropa. Necesitábamos ropa urgentemente para Melién, así que entramos en la primera que encontramos.

La encargada era una mujer de entre unos 30 y 40 años. Tras darnos la bienvenida entramos al lugar que al igual que la tienda de armas tenía toda su mercancía expuesta por los alrededores. Todo tipo de ropa adornaba el sitio. Desde piezas muy simples a vestidos muy elaborados.

— ¡Vamos a buscarte algo bonito! — gritó Raidha al ver la ropa de la tienda.

— Primero vamos a comprarle ropa interior — se adelantó Calitia.

— Sí, por lo menos necesita unas bragas.

— ¡¿Bragas?! — gritó Jeff.

— Sí, Jeff. ¿Acaso no sabes lo qué son? Son como calzones pero para mujer.

— ¡Sé lo que son unas bragas!

— Mira, son esto.

Encontré unas bragas y se las enseñé.

— Pe..pe..pero ¡¿qué estás haciendo?! — me gritó con la cara roja.

— Te enseño como són unas bragas — le contesté meneandolas delante de su cara.

— ¿Acaso no tienes vergüenza? ¡Deja eso en su sitio!

Poniéndose completamente como un tomate empezó a huir de mí que lo perseguí con las bragas en la mano.

— Solo es un trozo de tela. ¿Por qué tan nervioso?

— ¡Parad de una vez vosotros dos! ¿Acaso sois un par de críos? — se unió Raidha quitándome las bragas de la mano y terminando con la diversión.

Calmando al sonrojado Jeff seguimos buscando ropa adecuada para Melién. Remenando por el lugar encontré algo interesante.

— Ey, ¿qué os parece esto?

Había encontrado una camisa de tela de una tonalidad entre verde y amarilla junto a unos pantalones negros y unas botas de cuero marrón. A mi punto de vista le quedaban bien a un elfo. También encontré un cinturón de cuero que me pareció útil si tenía que poner armas. Todos estuvieron de acuerdo conmigo. Melién se puso la ropa en un momento. No le quedaba mal. Con esto solucionamos el problema de la elfa desnuda.

Nos preparamos para irnos, sin embargo por algún motivo no quería moverse de la tienda. Abrió la boca un poco, pero no salió palabra alguna, simplemente terminó mirando al suelo.

— En serio, podrías hablar — le dije con un suspiro.

De golpe se me quedó mirando a mí fijamente.Siempre se me quedaba mirando sin decir ni una sola palabra, justo como ahora. ¿Pretendía que la entendiera solo con eso? Imposible, simplemente imposible, yo no leía mentes. Sin embargo esta vez me di cuenta que no me estaba mirando directamente a mí. Miraba mi capucha.

— ¿Quieres una de esta? — pregunte levantándola un poco

Asintió rápidamente.

— Entonces dilo claro…

¿Para qué quería una capucha? Al final ni preguntamos, total no nos respondería. Encontramos fácilmente una capucha marrón que pareció gustarle. Con eso terminamos las compras y salimos de la tienda.

— Me recuerda a Robin Hood... — dijé cuando la vi bien.

Calitia aprovechó para cambiarse, a Jeff se le notaba la envidia pero me negaba a hacerle nada. Aunque la noche anterior había estado pensando en algunas cosas e hice unas preparaciones. Rebusqué un poco en la bolsa y saqué algunas cosas de dentro.

— ¿Qué haces con una barra de hierro? — me preguntó Jeff al ver lo que saqué sin querer.

— Esto no es… Un momento, me he equivocado.

Guarde de nuevo la barra de hierro y esta vez sí, saqué una espada corta de acero y un arco compuesto junto a un carcaj con 30 flechas.

— ¿De dónde sacaste esto? ¿Acaso lo robaste? — me incriminó el mismo Jeff.

— Lo hice yo mismo no te preocupes.

— ¿Para qué?

— Pensé que le quedaría bien.

Quizás estaba muy visto lo del elfo con un arco, pero quería ver como le quedaba. Tras echar un buen vistazo a las armas, Melién se coloco la espada y el carcaj en el cinturón y el arco en la espalda.

— Ahora sí que parece Robin Hood… Bueno contamos con tu arco.

Con la mirada al suelo asintió levemente. Parecían haberle gustado las armas. Cosa que me recordó otra que había preparado. Saqué una espada corta negra de doble filo de unos 60 cm de largo. La hoja ocuparía unos 50 cm de largo y 7 de ancho. En la empuádura brillaba una gema roja en medio de una cruz que se levantaba con forma de garra.

— Esa espada... — Raidha abrió de par en par sus ojos.

— La preparamos entre Dread y yo ayer. La calidad no se puede comparar con la que te hice y tiene un efecto de gran ampliación mágica.

— Pero esa forma…

— Sí… es idéntica a tu Vurtalis.

Se la entregué y Raidha la abrazó con fuerza con los ojos humedecidos y una sonrisa de oreja a oreja.

— Gracias…

— No es para tanto… Después de todo, es una simple imitación.

— Igualmente… gracias…

El amor que tenía esta chica por las armas era un poco raro… Me rasqué el cogote sin saber qué decir y desvié mi mirada hacia un lado. En ese momento pasó por delante nuestro un hombre vestido con una túnica marrónque también llevaba una capucha que andaba ocultando desesperadamente su rostro y cuerpo.

— ¿Hoy es el día de las capuchas?

Ante mi comentario todos se giraron hacia él. Al parecer nos escuchó y giró ligeramente su cabeza para mirarnos durante un momento. Fue apenas un segundo pero lo vi claramente.

— Esos ojos, esa piel negra… Eso no es humano — dije sin pensar.

— ¡¿Cómo dijiste?! — gritó Jeff y se giró hacia él —. ¡Tú, quieto aquí! — se olvidó de mí y arremetió contra ese hombre.

Corrió por detrás suyo que ya estaba alejándose y tiró de su capucha sin previo aviso. De debajo salió un cabello rojo como la sangre. Al girarse para ver al culpable que le había quitado la capucha se mostró su rostro de color gris negruzco y sus ojos tan rojos como su cabello. Sus orejas también eran ligeramente puntiagudas y un poco más largas que las de Daranya.

— ¡Es un Férbalen! — anunció Jeff mientras retrocedía rápidamente.

— ¡Maldito humano! — gritó ese hombre furioso mostrando unos ligeramente puntiagudos colmillos.

Así que eso era un Férbalen. Parecía ser algo a mitad camino entre Daranya y un elfo de color gris oscuro. Enfadado sacó una daga de dentro de su túnica y atacó a Jeff. Este se apartó a tiempo y sacó su espada para defenderse.

— ¿Qué hace uno de los tuyos en esta ciudad?

— Nada que le importe a un humano. Olvida que me has visto y no tendréis problemas.

— ¡Como si pudiera hacer eso!

Ignorando por completo las palabras de ese tipo Jeff siguió con su ataque. Nosotros por nuestra parte quedamos un momento indecisos, pero al final no teníamos otra opción que actuar. Le rodeamos y le abatimos en un momento sin siquiera necesitar hacerle daño. Jeff le hizo algunas preguntas, pero este se negó a hablar por completo.

— Lo voy a llevar con los guardias.

— Pues que te vaya bien… Nosotros seguiremos haciendo turismo — le dije mientras me alejaba.

— ¡Espera aquí! ¡No puedo dejaros libres tan fácilmente!

— No haremos nada raro… Cuando termines nos reunimos de nuevo o sino ya mañana nos vemos en el mismo sitio.

Y así conseguimos escaparnos una vez más del pesado de Jeff.

*** Xuje ***

Otra vez nos separamos. Cada vez estaba más harto de ese chico y de tener que cuidar de él, pero esta vez no podía perder el tiempo en él. Arrastre al Férbalen directo al cuartel general de la guardia de la ciudad.

— Chico, aún estás a tiempo. Suéltame y no habrá problemas.

Durante todo el camino no paró de amenazarme, pero le ignoré. Después de todo, él se negaba a escuchar mis preguntas. ¿Por qué debería escucharle yo?

Llegamos al cuartel y lo entregué al mismo tiempo que me identificaba. Me felicitaron por el trabajo, eso me puso bastante contento. Se podría llamar mi primer logro como caballero del rey. Lo siguiente era interrogar al prisionero y me permitieron entrar con ellos.

Los cuarteles generales de la guardia eran tan grandes como los de los caballeros del rey. Montón de soldados entraban y salían sin parar de los largos y anchos pasillos pintados de blanco. Recorrí esos pasillos acompañado hasta una habitación escondida en lo más profundo. Al entrar en ella me congelé.

— ¿Qué es esto?

— La sala de “interrogatorio” — rió uno de los guardias que me acompañaba.

La sala era oscura y apestaba a sangre. Las paredes y el suelo habían perdido el color blanco para dar paso a un marrón más similar a la suciedad que a la pintura. Por todos lados había todo tipo de máquinas siniestras cuyo propósito era claro, torturar.

— ¿Esto es una sala de tortura? — pregunté medio tartamudeando.

Asintieron entre risas y lanzaron a una silla al Férbalen que me miró con odio. Le ataron de pies y manos a la silla, tras lo que sin previo aviso le rompieron un dedo. El gritó de dolor que resonó por la sala fue suficiente para hacerme decidir no quedarme allí. Salí corriendo de la habitación y cerré la puerta detrás mío mientras escuchaba las risas de burla de esos guardias hacia mí reacción. Enseguida pararon y dieron paso a incesantes gritos de agonía.

— Esto… no me lo esperaba — susurré jadeando y sudando.

Salí corriendo para alejarme tanto como pude de esa sala. Terminé en una sala de espera junto a los demás guardias, donde espere unas cuantas horas para finalmente descubrir que mataron a ese Férbalen sin conseguir información alguna. Aún así no pareció importarles lo más minimo y parecían contentos de su “trabajo”.

Me fui disparado de ese lugar. No me podía creer que la capital fuera tan brutal. En mi pueblo nunca había escuchado de estos métodos y mucho menos pasaban esas cosas allí. Necesitaba relajarme así que me dediqué a recorrer la ciudad sin rumbo fijo, olvidándome por completo de ese grupo.

‘¿Es esto la manera normal de actuar? ¿Está bien tratar así a alguien a pesar de ser nuestro enemigo?’

Mientras le daba vueltas al asunto pasé por un lugar familiar, la tienda de esclavos. Estaba cerrada por completo y un grupo de soldados custodiaban la entrada. Curioso y temeroso me acerqué a preguntar.

— Esto… ¿que ha pasado aquí? — pregunté enseñando mi identificación.

— No está claro lo qué ha pasado, pero es horrible. El dueño ha desaparecido, la gran mayoría de esclavos también.

Abrí ojos y boca como un tonto ante esa respuesta

— ¿Qué quiere decir con desaparecido?

— Atacaron la tienda y desaparecido es literalmente desaparecido. No hay rastro alguno de ellos. Otros sin embargo… Mejor vete, este no es lugar para niños.

— No soy un niño… soy un caballero del rey.

— Si tanto te interesa mira tu mismo — se limitó a contestar sin ponerme más travas.

No entendía quién atacaría una tienda de esclavos ni para qué, pero si tenía alguna relación con la aparición de ese Férbalen necesitaba verificarlo. Metí la cabeza en la tienda. Ni un segundo duré mirando, salí corriendo a toda velocidad casi con ganas de vomitar.

‘¡Desagradable!’

Ese día aprendí que realmente aún era un niño demasiado inocente…

*** Drayd ***

Cuando desperté Dread seguía junto a Daranya aprendiendo sus chorradas mágicas. A mitad tarde fuimos a su casa y él le pidió que siguiera enseñándole. Terminé durmiéndome tras aburrirme durante horas. La cara de la vampira mostraba claramente que estaba ya harta de Dread y más aburrida que yo.

— ¡Ya basta de clases por hoy! ¡Por hoy ya para siempre! — finalmente explotó la vampira.

Está bien… creo que ya aprendí suficiente.

— Me alegro… Bueno, ¿qué hora es?

— Probablemente pasadas las tres de la mañana.

< Parece que dormí un buen rato. ¿Qué estás haciendo? >

— Con esto de la inscripción se me ocurrieron algunas cosas interesantes.

< Ahm... ¿Y? >

— Se me ocurrió que podría crear un sistema de recolección de maná automático y almacenarlo en las piedras. Por lo tanto, si lo consiguiera, ¿no podría usarlo como fuente de maná para mí?

< A mí no me preguntes eso. >

— Era una pregunta retórica, idiota. Bueno, se me ocurrió usar esa gran gema que conseguimos en esa isla, pero demasiado grande para transportarlo a todas horas. Me ha tocado encontrar la manera de integrarlo en algo más pequeño y portable.

< Pues la única cosa parecida sería la bolsa mágica. >

— Eso fue en lo que pensé. Pero era igual un problema, lo mejor era integrarlo en un arma que pudiera sostener y usar en pelea.

< No creo que puedas meter esa cosa tan grande en un arma... >

— No te preocupes, ya lo he solucionado. Aproveché la capacidad de Vurtalis de absorción de energía y su capacidad de abrir agujeros en el espacio. Conseguí agregar un encantamiento capaz de imitar las propiedades de la bolsa y guardar esa gema en un subespacio dentro de Vurtalis al mismo tiempo que lo conectaba con la espada. El subespacio también se puede usar para guardar cosas. Ha sido un gran éxito… Aunque nos ha costado horas de trabajo conjunto...

< No escuché mal... ¿Verdad? >

— No creo.

< ¿Has modificado a Vurtalis? >

— Sí, con esto ya no sufriremos de problemas de maná.

< ¿Has modificado a Vurtalis? >

— Te digo que sí, idiota.

< Has modificado a Vurtalis… ¿ESTÁS LOCO? ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Raidha te va a matar y a mí en consecuencia! >

— ¡No grites no es para tanto!

— ¡No grites tú! Por alguna razón puedo imaginarme lo que está diciendo….. ¡No quiero saber nada al respecto! — se sumó Daranya.

< ¡Cómo deje de funcionar o lo que sea te mato! >

— ¡No dejará de funcionar! ¡Funcionará mejor! ¿No crees? — le preguntó a Daranya.

— ¡Te digo que a mí no me metas en esto!

— ¡No gritéis tanto! — la voz de Raidha sonó desde la habitación donde dormía.

— ¡Tú estás gritando más fuerte! — esta vez fue la de Calitia.

— ¡Dejad de gritar todos en mi casa! — terminó de rugir la vampira.

< Ni se te ocurra decir ni una sola palabra sobre esto a Raidha... >

— Vale, vale...

Melién también apareció en la sala junto a las otras dos recién despertadas. Ya estábamos todos en pie.

— Sois los tres terriblemente molestos. Aprended de la Thamvalén y cerrad la boca todos.

Malhumorada Daranya se dejó caer en el sofa. Sin embargo de golpe se quedó en silencio con una cara muy seria y se puso a olfatear. Tal como se sentó se volvió a levantar a toda prisa.

— Huelo a sangre.

— ¿Ehhhhhhhhhhhhhh? — gritaron Raidha y Calitia a la vez.

— ¡¿Ehhhhhhhhhhhhh?! — volvieron a gritar señalándose la una a la otra.

— Huelo a sangre desde afuera — repitió Daranya sonrojada.

¡Boom!

El sonido de una explosión resonó en el silencio de la noche. Todos, incluida Daranya, salimos disparados hacia las calles principales.

Por las calles se podían escuchar los gritos de terror de la gente y el sonido metálico de los defensores de la ciudad. Multitud de personas con un aspecto similar al tipo que encontramos durante la mañana llenaban las calles.

— ¿Por qué están atacando la ciudad? — preguntó Raidha sorprendida.

— ¿Será en venganza por ese que capturamos? — agregué yo.

— Estos países estaban en guerra, ¿verdad? Quizás decidieron atacar la capital directamente — conectó Calitia.

Fuera cual fuera el motivo del ataque, la ciudad estaba en problemas.

— ¡Daranya, sabemos que estás aquí! ¡Deja de esconderte cobarde!

— Pues por lo visto… simplemente, me buscan a mí.

Todos nos quedamos mirando a Daranya quien tenía una sonrisa irónica mientras el sudor caía por su frente.